Vistas de página en total

lunes, 17 de agosto de 2009

El cuento del día (miel): Para un viernes‏


Por Dante Andrés Michelena
El autor es un intelectual argentino radicado en nuestro pais

Hola, cómo estás. No esperaba encontrarte acá. Pero bueno, me alegra que hayas venido. Siempre tuve...una cierta simpatía por vos. Y podría tener más, si fueras un poco más simpática. El problema creo que está en tu boca. Sí, a ver, estirate el labio de abajo un poquito para la derecha. Ahí está. Una grampa por favor.


Sí, ahí. Traten de fijarla bien. A ver, sonreíte. Sí, no está mal. Pero el labio de arriba esta muy grueso, rebajale un par de milímetros. No, tanto no, animal. Bueno, ponele un poco de cortisona. A ver, sonreíte.


Fenómeno. Ahora levantá un poco la cabeza. Mucha pera, tenés. Tomá, pasate un poco de esto, vas a ver cómo te redondea. Después ponete crema, ¿sabés? Si no se te irrita. A ver, mirame. Tapate los ojos.


Si, ¿ves? Ahora tenés una sonrisa interesante. Ta, podés cerrar la boca. Ponete de perfil que te quiero ver el largo de la nariz. Mmmm. Tomá, colocate esto, que te mide la profundidad de las narinas. Bárbaro.


Te vas a tener que rebanar toda la parte de afuera del cartílago. Ahí va. Dale un poco más. Perfecto. Ahora dale un empujoncito al tabique. A ver de frente. Justo.


Ahí. Sacate el pelo de la boca que no te veo bien. Che ¿a vos no te sobra un pómulo? Ah, no, está bien. Pero apretate el de la derecha un poco para adentro. El otro también, si no quedás muy chupada. Ahí está bien. Genial. Así me estas empezando a gustar. No mucho, pero...


Mirá para allá, ¿a ver? Tomá, masticá este chicle que quiero ver cómo te queda la cara en movimiento. ¿Sabés que estás mal sentada? No, así no, ponete más en el borde. Juntá las piernas. Vas a tener que hacerte un injerto acá, porque no se te juntan del todo. Por ahí va bien.


Che, qué caderas que tenés. Me parece que estoy sintiendo algo. Ah, no, creo que me equivoqué; hay que subirte un poco más la nariz. Pero no te la tuerzas. Servite, esto es para que te peles las cejas. Ahora dejátelas crecer pero hasta la mitá, nada más. No, te pasaste, retrocedé. Ahí, ahí está bien.


Que mona. A ver ahora las orejas. Están bien, tenés lindos pabellones; hay que correrlos un poquito, nada más. Tomá, mirate en el espejo. ¿Tas quedando no? Creo que estoy sintiendo algo por vos, aunque todavía no sé qué es. Vení, acercate. No, tanto no, bestia. Dejame ver...date vuelta.


Vas a tener que raparte, para poder poner este suplemento. Sabés que... estoy empezando a gustar de vos. Es extraño, nunca había sentido esto. Subí los brazos. Bajalos. No, hay algo mal, tienen que llegar hasta acá. Ah, no, es un problema de dedos, me parece. Tomá, probate éste. ¿Te queda cómodo? A ver, cerrá la mano. ¿Está bien? Bueno, recogete el pelo que te quiero analizar el cuello.


Ah, no, no, esto está todo mal. Agachate. Vas a sentir un pequeño dolor, pero no te asustes que no es nada. Ahí está, perfecto. Se te notaba demasiado la yugular. Ahora dejate el cerquillo. Arrimate. Mordé, a ver. Cruzá los dientes que te tengo que ajustar el paladar.


Ahí va, ¿ves? Ahora es otra cosa. ¿Sabés que me gustás mucho? Ah, no, esperá, quedate un poco quieta que se te torció el codo. Ponelo a ciento ochenta grados y tenelo así un ratito. Estoy un poco...confundido; creo que te amo. ¿A ver? No, todavía no. Siento algo pero creo que no es amor.


Te quiero como amiga. Tomá, quemate esa verruga. No el lunar dejateló. No, mejor pasátelo para el otro lado. Mirame. Qué divina. ¿Qué tenés que hacer hoy de noche? No, esperá, te falta lijarte las rodillas. Te conviene doblarlas, así te das cuentas mejor.


Bueno, está bien. Ahora tratá de adelgazar. De acá, sobre todo. Seguí. Dale un poco más. Creo que me estoy enamorando. ¿A ver? Mirame. Lástima tu color de ojos, pero no te los cambies, porque ya no serías vos. Yo te prefiero así, como sos.


"La tortuga y otros cuentos" (Ediciones de la Flor, 1ra edición 1990) ACLARACIÓN DE FIRMA Tanta especulación sobre los nombres de Dios, tanta cábala...tantas inútiles condenas a los que pronunciaban en vano un nombre equivocado... hasta que por fin “Dios” se decidió a salir de su ostracismo nominal. Esa noche apareció, perfectamente visible desde casi todo un hemisferio de la Tierra, y trazada con polvo interestelar sobre el firmamento, la firma del Altísimo. Algunos sabios dicen haberla descifrado.


Otros aguardan, angustiados, que aparezca la aclaración de firma. "La tortuga y otros cuentos" (Ediciones de la Flor, 1ra edición 1990)DEPRESIÓN Un amigo me dijo el otro día que estaba deprimido, y que además le dolía la cabeza y tenía fiebre. Yo le contesté: –Ah, no te preocupes.


Hacé esto, mirá: metete en la cama, tomate un té caliente, ponete un disco de Enrique Iglesias, después uno de Emanuel Ortega, y otro de María Marta Serra Lima con el trío Los Panchos. Después mirate una película de las de American Pie; cuando termine la sacás y ponés una de Krysztoff Kieslowski. Mirá un poco televisión, como Causa Común, o el show de Don Francisco.


Después te levantás, te hacés un café descafeinado, te preparás un par de hamburguesas magras con mayonesa de bajas calorías, y mientras te gratificás un poco con eso prendé la radio y tratá de sintonizar una emisora que esté pasando el programa de alguna secta evangelista.


Después te leés un libro de Leo Buscaglia, dos de José Naroski, diez de Khalil Gibrán, tres de Lobsang Rampa y cuatro de Richard Bach. Ahí te pegás un baño con jabón de glicerina, te lavás bien la cabeza usando champú de tilo para cabellos secos y te la enjuagás con algún desenredante de algas especial para cabellos castigados.


Después te secás bien, te pasás desodorante a bolilla o algún aerosol que no dañe tu capa de ozono. Entonces te volvés a acostar y si no podés dormir te sentás en posición de semiloto y te leés el método Silva de control mental, tratando de que tu mente funcione en ritmo alfa y usando solamente el hemisferio derecho del cerebro.


Ahí, si te sale algo, dibujá, dibujá sin temor lo primero que se te ocurra, sin pensar. Entonces mirá bien lo que dibujaste y usalo para disparar asociaciones, como si fuera un test de Rorschach. Anotá todo y buscá en la guía telefónica el número de algún lacaniano que haya seguido también un cursillo de sicología social.


Lo llamás y le decía que vos eras un alfeñique de 44 quilos pero que después de seguir el método Tensión Dinámica de Charles Atlas estás pesando 140.


Ahí colgás el tubo y hacés una pausa para tomar un yogur semidescremado de damasco con cereal. Entonces te sentás en la computadora, te jugás unos tetris hasta llegar a más de diez mil puntos, y ahí cargás un procesador de texto, preferentemente el Word del Office 2000 en tu Windows Vista.


Entonces escribís en la pantalla una nota suicida porque te puedo asegurar, viejo, que después de todo eso no podés esperar nada más de la vida. “La buena noticia y otros cuentos” . Ediciones de la flor, 1996. Bs. As.Leo MasliahLeo Maslíah (Montevideo, 26 de julio de 1954), humorista, músico y escritor uruguayo. Cuenta con más de 40 discos editados en Uruguay, Argentina y Chile; casi tantos libros y más de 10 obras de teatro estrenadas.


Su trabajo, tanto lo musical como lo literario, suele ir acompañado con un estilo humorístico muy característico en el cual recurre a muchísimos recursos: el juego de palabras, la ironía y la metáfora.


Tiene muchos monólogos en donde abunda la parodia, el sentido del humor, el contenido filosófico y la crítica constructiva. Maslíah, difícilmente se puede encasillar o rotular; aunque normalmente se lo asocie con lo absurdo, su obra no se encuentra nada más lejano de esto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Tu opinion nos ayuda a crecer