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miércoles, 26 de enero de 2011

Resumen de la Verdadera Historia del General Juan Pablo Duarte y Díez

Resumen de la Verdadera Historia del General Juan Pablo Duarte y Díez El Instituto Duartiano tiene el agradable y honroso deber de llevar el resumen de la “Verdadera Historia de Juan Pablo Duarte”, a todo el pueblo dominicano, en la República y en las filiales del exterior, y donde quiera que haya una apreciable emigración de nuestros conciudadanos.


Decimos la “verdadera historia” porque hay algunos autores que, con la mejor buena voluntad, se empeñan en presentarnos un Duarte santificado, angelical, muy difícil de alcanzar esta imagen, para nuestra juventud. Hay otros que en cambio, y con éstos si hay que tener mucho cuidado, tratan por todos los medios de apocar, de difamar en lo posible, a Juan Pablo Duarte, porque lo saben el mejor representante del pueblo dominicano, llegando al colmo de mostrarlo como una persona apocada, vacilante, enfermiza, débil, etc. ¡Nada más falso! Pués ése, no es el joven Duarte de la Independencia, líder de nuestras juventudes. Ese jovencito que a los dieciséis años, en el bergantín que lo llevaba a Europa vía los Estados Unidos de América, responde las ofensas del Capitán del barco diciéndole: “YO SOY DOMINICANO”, y que baja a su camarote y se promete a sí mismo, que no descansará hasta darle a nuestro pueblo el orgullo de ser una república libre y soberana.

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El fue la idea y la acción Nace Juan Pablo Duarte y Díez el 26 de enero de 1813 en la casa ocupada hoy, por el Instituto Duartiano; situada en el Barrio de Santa Bárbara, en la actual calle Isabel La Católica No. 308, en Santo Domingo. Hijo de Juan José Duarte, ciudadano español, y Manuela Díez Jiménez, nativa de El Seybo. Es bautizado en la Iglesia Parroquial de Santa Bárbara, y desde pequeño se distingue por su afán de aprender; según nos relata su hermana Rosa, se aprendió el catecismo desde muy corta edad y que tenía una clara inteligencia. Recibió clases del profesor Manuel Aybar y de otros maestros de la época, pero pronto se dieron cuenta sus padres de que no había para él ninguna posibilidad de un aprendizaje adecuado, ya que la ciudad carecía de facilidades para estudios profundos. Recordemos que la Universidad estaba cerrada por los invasores ocupantes, y no había colegios de categoría. Por tanto, su padre resuelve aprovechar el viaje a Europa de un amigo de la familia, comerciante y vecino, Don Pablo Pujols para enviar a Juan Pablo bajo su cuidado a España, donde sí podía adquirir cultura y educación convenientes. Es por eso que salen para Europa en junio de 1829 y llegan al Puerto de Providence (Rhode Island) en Estados Unidos, el 2 de julio en el bergantín George Washington.

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Al llegar a Estados Unidos empieza a captar aires de progreso y de derechos del ser humano. Cruza el Atlántico y llega a Inglaterra y a Francia donde todavía se mantenían vigentes y se apreciaban las luchas y sueños de libertad, igualdad y fraternidad. Viaja a España y ahí es, donde narra con sus propias palabras, después que regresa a su ciudad natal, que recibe el mensaje que más le impresionó. En este regreso de Europa lo recibe la juventud, en el desembarcadero del río Ozama. Todos van alegres hasta la sala de su casa, donde empiezan los inquietos interrogatorios de los jóvenes de entonces. ¿Qué fue lo que más te impresionó de tu viaje Juan Pablo? Y la respuesta es rápida y cortante: “los fueros y libertades de Cataluña, los cuales algún día daré a mi país”. Esa promesa que se había hecho en el camarote del barco, estaba vigente, e iba a estarlo durante toda su vida. Se había comprometido con su Patria, y ya todos sus grandes esfuerzos serían canalizados en esa misma dirección. Después ayuda durante un tiempo, a su amigo José María Serra escribiendo pasquines contra la dominación haitiana, le pide a su padre que le ceda una habitación en el almacén ferretero que éste tenía en Las Atarazanas y, allí comienza ese maestro de pueblos a enseñarle a todos sus compañeros:

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matemáticas, geografía, idiomas, historia, etc., tratando de mejorar ese nivel cultural tan apagado que había en la juventud, y de elevar su autoestima, pero, más que nada, insuflarles sus ideales de Patria Libre, contagiándoles con su entusiasmo, y graduándoles poco a poco, de futuros próceres de la Patria. Allí también les enseñaba esgrima debajo de un árbol , disciplina muy importante porque, a más de entretenido y entusiasta deporte, era un arma de guerra de las más útiles de la época. Recordemos que no existían las armas automáticas y las demás eran lentas y defectuosas, de ahí la importancia de la espada, el sable y el machete. La esgrima era obligatoria en el Ejército. Con el paso del tiempo se da cuenta de que era necesario algo más que la prédica o la concientización de persona a persona y, entonces, viene su idea cumbre: la Fundación de la Sociedad La Trinitaria. Un verdadero ejército secreto que se extendió por todo el país, galvanizando en la conciencia nacional de que éramos una nacionalidad, y que por tanto teníamos derecho a ser una nación libre e independiente de toda dominación extranjera. El 16 de julio de 1838 aprovechando que salía la procesión de la Virgen del Carmen de la Iglesia del mismo nombre, entre los cohetes, el repicar de las campanas y el bullicio de la multitud, se reunió Juan Pablo con ocho jóvenes más, que lógicamente

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pasaron desapercibidos por los haitianos, en la casa de doña Josefa Pérez de la Paz madre de Juan Isidro Pérez, uno de sus más leales amigos, y allí, Juan Pablo Duarte les explicó la finalidad de ese encuentro: les leyó el Juramento Trinitario mediante el que todos se comprometían con su persona, vida y bienes, habidos y por haber, a la separación definitiva del gobierno haitiano, y a la creación de una república libre, soberana e independiente de toda dominación extranjera que se denominaría República Dominicana, la cual tendría su pabellón en cuartos encarnados y azules atravesados por una cruz blanca y que, mientras tanto, los trinitarios serían reconocidos con las palabras sacramentales de: Dios Patria y Libertad. Les explicó los riesgos que iban a correr y que, si alguno no estaba de acuerdo, ese era el momento de retirarse del compromiso. Todos aceptaron. Para mayor solemnidad signaron con su sangre, una cruz, en cada uno de los pliegos criptográficos que Duarte les suministró. No hay dudas de que lo aprendido por él en la masonería influyó mucho en la perfección de esta organización que se extendió por todo el país, sin la menor sospecha de los haitianos. También el romanticismo heroico de la época, que el Patricio llevaba albergada en su alma.

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Como se puede ver, seis años antes de que Sánchez enhestara con manos trémulas por la emoción, la Bandera Nacional en la Puerta del Conde, proclamando la Independencia, ya Duarte en el Juramento Trinitario nos había dicho cómo se iba a llamar esa republica, cómo iba a ser nuestra bandera, y cuál sería el lema de la nación: “Dios, Patria y Libertad,” que también, después formaría parte de nuestro escudo. ¡Que hombre tan dotado, que planificaba con emotividad y eficiencia! Pero Duarte se dió cuenta que también era necesario llegar a la sociedad mediante obras de teatro, e implementó la Sociedad Dramática, para proyectar, según el libreto, mensajes de libertad y de patriotismo, en las piezas escogidas por él, y que eran recibidas con el beneplácito del público. Todavía hay más, también organiza la Sociedad Filantrópica, y en veladas y en reuniones con amigos y amigas, donde él, Sánchez y varios amigos más tocaban guitarra, flauta, y declamaban bellas poesías, aprovechaba para crear conciencia patria, aparte de recaudar fondos, para los viajes al interior del país y los gastos del proyecto de la República. Debemos decir que desde 1834 ingresó en la Guardia Nacional Haitiana como cabo furiel y cuando algunos amigos le reprocharon ésto, les

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convencía de que tenían que hacer lo mismo, porque sabía que, lamentablemente, iban a tener que pelear y por tanto tenían que aprender el arte militar, siendo ése el único sitio donde podían hacerlo. Hicieron carrera en los cuarteles y en la milicia del invasor. Pero tenemos que considerar al Duarte político. No político como estamos acostumbrados a ver algunas personas corruptas, hacer fortunas a costa del erario público, sino en la más sana acepción de la palabra. Duarte se dió cuenta de que el pueblo haitiano estaba inconforme con el tirano Boyer y que se preparaba un movimiento revolucionario llamado de La Reforma; entendió que era la mejor coyuntura que podía presentársele por lo que deciden unirse a esos revolucionarios para derribar los cimientos del gobierno haitiano, no sólo debilitando así al invasor sino ganándose incluso, su confianza. Duarte envía a Ravelo a los Cayos, Haití, para hacer contacto con ese movimiento, y al no conseguir éste su objetivo, le encomienda la misión a su brazo derecho, Ramón Mella, y ese sí, hombre hábil y dinámico, consigue hacer contacto con ellos planificando las acciones a desarrollar, Duarte espera el triunfo de los reformadores, y después de la caída de Boyer en Haití, se dirige a tomar el palacio de Gobierno sito frente a la plaza de armas, comandando haitianos y dominicanos, siendo ya

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capitán de la Guardia Nacional. Son tiroteados, hay muertos y heridos, y Duarte tiene que refugiarse en casa de un tío, pero como ya hemos dicho, nunca se da por vencido, hay constancia en su labor, saltó la muralla que rodeaba la ciudad y se dirigió a San Cristóbal, donde convence al coronel Roca y también al comandante haitiano para que movilizaran las tropas y vinieran junto con él y, todos juntos, ocupar el gobierno de la ciudad. Ya en el poder, las nuevas autoridades haitianas ven a Duarte como un aliado. Lo nombran como parte del gobierno de Santo Domingo. Logra convencerlos de que como él es agrimensor y tiene que viajar al interior, puede ayudar a formar las juntas populares en los diferentes pueblos. Es lo que Duarte esperaba, la oportunidad de concienciar a los dominicanos, también en los pueblos. Resulta que, en las votaciones libres celebradas posteriormente en todo el país, de las cuales tenemos un ejemplo en nuestro archivo de documentos del Instituto Duartiano: la realizada en Bayaguana. En todos los pueblos los dominicanos fueron electos mayoritariamente sobre los haitianos. Desde luego, los haitianos pese a que desconocen el ejército secreto de La Trinitaria, se dan cuenta entonces que este Duarte está realizando una labor en contra de ellos, promoviendo la Independencia Dominicana.

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Por todo esto, el general Charles Herard Aimeé entra por el noroeste con un fuerte ejército, deteniendo a todo aquel que se sospeche duartista, y en el Cibao, hace preso a Mella y pone precio a la cabeza de Juan Pablo, ofreciendo el rango de coronel a quién le de muerte o capture. Juan Pablo tiene que esconderse y todos los vecinos se disputan el honor de arriesgar su vida para protegerle. Pero al fin y al cabo, cede ante los ruegos de su padre y comprende que su vida es preciosa para la causa, burla la persecución haitiana y sale en una yola hasta un bergantín que le esperaba para llevarle a Venezuela. Mientras tanto, Sánchez está enfermo, y sus familiares para protegerle de la persecución haitiana hacen creer su muerte, y fingen su entierro. Los haitianos, con Duarte fuera, con Sánchez en la estricta clandestinidad (“muerto”), y Mella prisionero, se tranquilizan y, con el tiempo, regresan los regimientos 31 y 32 integrados en su mayoría por dominicanos, (que habían sido trasladados a Haití por precaución), los devuelven a Santo Domingo, creyendo que el peligro ha pasado. Duarte no está presente, pero la semilla, el germen de Patria Libre ya ha sido sembrada en el alma de los dominicanos y éste, es un terreno fértil donde ha germinado con fuerza.

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Estando Duarte en Venezuela recibe una carta de Francisco Sánchez, donde le informa del estado en que están los trabajos de la revolución libertadora, y le explica la necesidad de conseguir armas y municiones para la lucha que se avecina. El Padre de la Patria le responde entonces con la llamada “Carta del sacrificio”, donde le pide a sus familiares que vendan su casa natal para poder conseguir la libertad dominicana. El párrafo principal de esta misiva memorable dice así: “El único medio que encuentro para reunirme con Uds. es independizar la Patria; para conseguirlo se necesitan recursos, recursos supremos, y cuyos recursos son, que Uds. de mancomún conmigo y nuestro hermano Vicente ofrendemos en aras de la Patria lo que a costa del amor y trabajo de nuestro padre hemos heredado. Independizada la Patria puedo hacerme cargo del almacén, y más, heredero del ilimitado crédito de nuestro padre, y de sus conocimientos en el ramo de marina, nuestros negocios mejorarán y no tendremos por qué arrepentirnos de habernos mostrado dignos hijos de la Patria”. Con e1 liderato de Sánchez y con las diligencias de Mella para integrar a la causa a los conservadores, que es la clase pudiente de la patria, y resulta necesario porque los jóvenes revolucionarios no tenían toda la fuerza imprescindible para dar ese paso gigantesco que era la alborada de la libertad. Se elabora el Manifiesto del 16 de Enero, mediante el cual se declaran los derechos del pueblo dominicano a ser libre e independiente y se programa para la fecha del 27 de febrero, dar el golpe decisivo, tras una reunión en la Puerta de la Misericordia.

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Cuando algunos vacilan, porque no están presentes todos los compromisarios, o porque los riesgos son grandes y quieren aplazar el acto para otra fecha, Mella, con el carácter valiente e impulsivo de siempre, exclama: “es ahora” y con el disparo de su trabuco, les compromete a todos. Ya no hay salida ni retroceso posible, van a la Puerta del Conde, donde el Capitán Martínez Girón entrega la fortificación. La jovencita Concepción Bona entrega a Francisco Sánchez el lienzo tricolor, y con la alborada que entonó Florentino Sordo con su trompeta, hizo flotar por primera vez nuestra bandera en los aires nacionales, diciendo al mundo que había nacido la Patria que soñó Juan Pablo Duarte y que ya es una realidad, la Independencia. Se forma una Junta Provisional Gubernativa la cual, dentro de sus primeras decisiones ordena buscar a Juan Pablo a Curazao, para lo que se comisiona al Comandante Juan Alejandro Acosta al mando de la Goleta Leonor. Parte el día 2 de marzo y regresa el 14 del mismo mes, después de ondear por primera vez nuestra bandera en las aguas del Caribe. El día 15 se produce el desembarco del preclaro fundador de nuestra nacionalidad, al arribar al Puerto de Santo Domingo y al cruzar la Puerta de San Diego, fue recibido por todo el pueblo, y el primer Arzobispo dominicano Monseñor Tomás de Portes e Infante, le saludó con las palabras “Salve, Padre de la Patria”. Ese es el momento más glorioso en la vida de Duarte. Va a su hogar a abrazar a su madre y sus hermanas, recordando al padre fallecido en su ausencia.

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Se entera de todas las medidas que se han tomado: que ya, alrededor de 600 hombres del Este al mando de Pedro Santana, se han trasladado a Azua para enfrentar la invasión haitiana, siendo reforzado este improvisado ejército por los antiguos regimientos 31 y 32, y fuerzas de San Cristóbal, Baní, Azua y todo el sur. Va a la Junta Central Gubernativa donde ofrece su espada y se pone humildemente a las órdenes del gobierno, el cual le nombra vocal de la Junta. Después del triunfo dominicano en la Batalla de Azua el 19 de marzo, la retirada de Santana a Sabana Buey, provoca inquietud en el gobierno y envían a Duarte al mando de una división del ejército, como Comandante Adjunto de las Fuerzas Dominicanas. Son inútiles los esfuerzos de Duarte por tomar la ofensiva y convencer a Santana de la desmoralización del ejército haitiano y la conveniencia de perseguirle y derrotarle. Pero Santana sigue opinando que hay que esperar. Mientras tanto, Santana sigue en sus esfuerzos por conseguir apoyo francés, y a Duarte se le ordena regresar a Santo Domingo, lo que obedece para evitar enfrentamientos y quebrar la necesaria unidad del bisoño Ejército Nacional.

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Cuando regresa, entrega ochocientos veintisiete pesos que le sobraron de Mil que le habían entregado para el mantenimiento de los soldados, y da cuenta de los gastos, con pesos y centavos, de la suma de ciento setenta y tres que gastó. Es la famosa rendición de cuentas de un hombre que todo lo ha sacrificado ya por la Patria. Ejemplo de honestidad para todos los tiempos y para todos nuestros gobernantes. El 26 de mayo en una reunión que se celebra en la Junta Central Gubernativa, Bobadilla y los afrancesados, ya sin ningún pudor, hablan claramente de anexar de por vida la península de Samaná a Francia, a cambio de la protección permanente de esa nación. Nuevamente, Duarte da muestras y ejemplo de su honestidad y patriotismo y con vigor incidenta la reunión y evita la venta de la Patria. Como los anexionistas continúan con su poca fe en los destinos nacionales, y con sus manejos turbios para conseguir el protectorado extranjero, Duarte se reúne con Sánchez, Mella y José J. Puello, quien era el Jefe de la guarnición de la ciudad, y ejecuta una acción patriótica el 9 de junio, derrocando a Bobadilla y los demás funcionarios de la Junta que eran anexionistas. Se crea una nueva Junta presidida por Sánchez, la que acuerda depurar el ejército de los elementos que estaban en connivencia con el Cónsul Francés, y llevar prisión a los traidores a la patria, pero de éstos se salvan algunos al refugiarse en el consulado galo, escondiéndose los otros.

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Algunos historiadores creen que ésta es la época en que elaboró un magnífico proyecto de Constitución Dominicana, que, se expone, de su puño y letra en el Instituto Duartiano. La nueva Junta presidida por Francisco del Rosario Sánchez envía a Juan Pablo Duarte al Cibao para crear la necesaria unidad entre todas las fuerzas del ejército del norte. Es recibido en triunfo en La Vega y en Santiago, y Mella, impulsivo como siempre, le proclama presidente de la República, cosa que todo el pueblo de allí respalda, pero Duarte se muestra reservado, por muchas razones. Al enterarse Santana de que la nueva Junta Central Gubernativa quiere depurar al ejército bajo su mando, se niega y regresa a Santo Domingo, donde el Jefe de la Plaza: el General Puello, presionado por el Cónsul Francés no le hace frente, y Santana con su ejército da un golpe de Estado y ordena apresar a Duarte, Mella y todos los que en realidad fueron verdaderos patriotas. Duarte se deja apresar en Puerto Plata, sacrificándose una vez más, para evitar una guerra civil. Es traído a Santo Domingo desde donde es expulsado del país, junto a los demás creadores de la Patria, como si fueran traidores. Ese es el duro precio que tiene que pagar Juan Pablo por ver, convertido en realidad, su sueño de darnos una patria libre, aunque estuviera mal gobernada.

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A partir de entonces la República rechaza todas las invasiones haitianas durante doce largos años en cuatro grandes campañas, demostrando que Duarte no era un iluso al tener fe en el dominicano. Que tenía razón cuando creía que nuestro criollo era capaz de las más grandes hazañas, tal como había hecho al pelear contra la invasión inglesa de Penn y Venable; al derrotar a las tropas francesas en la Batalla de la Limonade o Sabana Real, y también al héroe de Francia, General Ferrand, en la Batalla de Palo Hincado, con ejércitos de campesinos, como improvisados soldados, con el machete de labranza, recortado y con lanzas, a ejércitos aguerridos, bien equipados, disciplinados y con generales experimentados.

En el 1863 se entera Duarte en su retiro de Venezuela, que por fin, los impenitentes vende patria han anexado a España la nación, y que el lienzo tricolor plasmado en el Juramento Trinitario fué sustituido por Pedro Santana, por la bandera española. Pero, la semilla que nuestro patricio sembró, germinó por todo el territorio nacional motivado por el Grito de Capotillo. Además, el pueblo ha implementado una guerra de guerrillas con instrucciones precisas del General Ramón Mella. Entonces, Duarte para contribuir con el esfuerzo bélico patriótico que se realiza en el lar nativo, vende una pequeña casa en Caracas y con dichos fondos, arma una expedición para desembarcar por Montecristi, y venir a dar su vida por la mancillada República que él ideó. Se pone a las órdenes, como un soldado más, del gobierno de la “República en armas”. Tiene un encuentro con su viejo hermano de ideales, el general Mella, quien es Vicepresidente del Gobierno Revolucionario, y que está muy enfermo,

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casi moribundo, teniendo ocasión de abrazarle, de compartir con él sus aspiraciones y reafirmar la vieja amistad que los une. Pero ya no es el mismo Duarte, ya no es el líder de aquellos jóvenes; ahora es un hombre envejecido y enfermo. Además, muchos de estos nuevos dirigentes, ni siquiera le conocen. El gobierno en armas le pide que sea su representante ante los países de Sudamérica, para conseguir ayuda a la causa de la Restauración de la Independencia. Duarte en principio se niega, pero luego viendo que puede ser manzana de discordia, se sacrifica, una vez más, y parte para Venezuela, a tratar de nuevo de conseguir ayuda para la causa dominicana. . . Juan Pablo Duarte y Díez, fallece en Caracas el 15 de julio de 1876, a causa de tuberculosis pulmonar, recordando, como siempre, su hermoso, romántico y extraordinario sueño de una Patria libre, justa y feliz. ¿Tuvo Duarte con sus ideas, en realidad, razón? ¿Tuvo éxito en el gran ideal de su vida? Sí, porque tenemos una República libre que él creó, y de no haber sido por él, hubiéramos compartido la misma desastrosa suerte de lo que es, penosamente, Haití hoy en día, porque si ellos no han podido valerse por ellos mismos, mucho menos se habrían ocupado de nosotros. Había que crear la Patria Dominicana porque éramos, y somos, de distinta nacionalidad, y con territorio, constitución, idioma, religión, tradiciones, costumbres e idiosincrasia, diferentes. Con economía e historia también diferentes, y por lo tanto, tenemos derecho a tener una Patria libre e independiente.

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¿Tenía razón al tener fe en el dominicano? También los hechos demuestran que Duarte tenía razón, nuestro criollo ha vencido ingleses, franceses, haitianos, 30 mil soldados españoles en la guerra restauradora y en Santo Domingo, en el 1965, peleó con la nación más poderosa de la historia, y el criollo dominicano, todavía tiene su bandera y aún tiene Patria. El pueblo que más ha luchado por su libertad, en América; es, sin duda, el dominicano. A quien Duarte siempre creyó capaz de crear y mantener su Patria Libre. ¿Y qué es la Patria de que tanto hablamos? Pues la Patria somos todos, la Patria es usted, su familia, sus antepasados, sus hijos, sus instituciones, esas preciosas montañas de República Dominicana, las playas más lindas del mundo, nuestros hermosos valles, nuestra religión, nuestros deportes, nuestro ambiente, nuestros sueños, todo lo que tenemos y queremos, eso es la Patria. Por todo eso, ahora podemos trabajar en paz, unidos, para mejorar los esfuerzos de tanta gente que se ha sacrificado en el pasado, y superarnos y buscar soluciones para mejorar nuestras condiciones de vida, pero siempre con fe en lo nuestro, siempre con fe en el dominicano, para algún día tener la Patria justa y feliz, además de libre, que soñó, para ti, Juan Pablo Duarte. PROF. JOSÉ JOAQUÍN PÉREZ SAVIÑÓN Presidente del Instituto Duartiano

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ROMANCE

Era la noche sombría, de silencio y de calma; era una noche de oprobio para la gente de Ozama. Noche de mengua y quebranto para la Patria adorada. El recordarla tan sólo el corazón apesara. Ocho los míseros eran que mano aviesa lanzaba, en pos de sus compañeros hacia la extranjera playa.

Ellos que al nombre de Dios, Patria y Libertad se alzaran; ellos que al pueblo le dieron la Independencia anhelada. Lanzados fueron del suelo por cuya dicha lucharan; proscritos, sí, por traidores los que de lealtad sobraban. Se les miró descender a la ribera callada, se les oyó despedirse, y de su voz apagada yo recogí los acentos que por el aire vagaban. JUAN PABLO DUARTE

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Invitamos a todas las instituciones civiles y militares, y a todo el pueblo dominicano, a visitar La Casa Duarte, su Museo y la Biblioteca “Dr. Enrique Patín Veloz”, y a hacer suyos los ideales del Fundador de la República y Padre de la Patria, así como a su divulgación, porque su vida y acciones son ejemplos, para todas las épocas. Si seguimos sus enseñanzas tendremos un país mejor, más unido, más honesto, más laborioso, más justo, y por lo tanto, más feliz. Tal como lo soñó él y por el cual lo sacrificó todo. J. J. P. S. INSTITUTO DUARTIANO Casa Duarte, Museo y Biblioteca Isabel La Católica 308 Santo Domingo, República Dominicana Tels.: (809) 687-1436  (809) 687-1475 (809) 687-5288  Fax. (809) 689-0326

Web: www.institutoduartiano.org.do

Email: institutoduartiano@gmail.com

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“Trabajemos por y para la Patria, que es trabajar para nuestros hijos y para nosotros mismos.

Trabajemos, trabajemos sin descansar, no hay que perder la fe en Dios, en la Justicia de nuestra causa y en nuestros propios brazos”.

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