Los inmigrantes indocumentados
que han entrado a Estados Unidos en las últimas décadas están aquí para
quedarse, según revela un informe reciente del Centro Pew Hispano, que
señala que casi dos tercios de ellos han vivido en el país por al menos
10 años.
Según el estudio, de los 10,2 millones de
personas sin papeles que se calcula habitan en el territorio, 35% de los
adultos ha traspasado ilegalmente la frontera hace más de 15 años, lo
que marca un récord histórico. Luego, 28% ha tenido una estadía de entre
10 y 14 años y sólo 15% ha optado por migrar en el último lustro.
"El porcentaje de adultos (sin
papeles) que han estado en el país por más de 15 años es más del doble
del que registramos en el 2000, cuando era del 16% o bien uno cada
seis", dijo a BBC Mundo Mark Hugo López, director asociado de Pew y uno
de los autores del reporte.
Ese incremento constata, según el experto, que
el más pronunciado crecimiento demográfico entre los sin papeles
-latinos en su mayoría- se produjo entre finales de los años 1990 y
comienzos de la década siguiente.
Asimismo, la caída notoria en el número de
recién llegados (eran 32% del total en el 2000 y 15% actualmente) habla
de una desaceleración de los flujos migratorios, a causa de la crisis
económica que aqueja a Estados Unidos y del establecimiento de controles
fronterizos más estrictos.
Los controles fronterizos son cada vez más estrictos, para impedir el cruce ilegal desde territorio mexicano
"Los indocumentados de hoy son, en su mayoría,
gente que lleva aquí largo tiempo pero no el suficiente como para
haberse beneficiado de las últimas leyes de aministía", señaló López.
Éstas datan de 1986, cuando, bajo el entonces
presidente Ronald Reagan, se sancionó la Ley de Reforma y Control
Migratorio (IRCA, en inglés) que otorgó permiso de estadía a quienes
habían arribado antes de 1982.
Trabajar sin papeles
Pero, ¿cómo es la vida de los indocumentados al margen de las estadísticas?
Consultados por BBC Mundo, varios señalaron que
la mayor dificultad consiste en sortear los obstáculos para conseguir
trabajo, cuando el estatus irregular les impide conseguir el número de
seguro social que otorga el gobierno federal para registrarse con los
empleadores.
"El miedo no anda en burro, sino en liebre"
Rafael González, inmigrante indocumentado
"La pasada (de la frontera) fue lo más fácil, le pagué a un migra
y ya. Pero lo difícil vino después, la vida sin seguro social que hace
que uno no pueda agarrar un trabajo", relató a BBC Mundo José Rodríguez,
que lleva 17 años en Los Ángeles desde que abandonó su Jalisco natal.
Rodríguez trabaja por su cuenta y de manera
informal: vende empanadas o café en la calle y se dedica a cortar el
césped, limpiar o lo que le ofrezcan.
"Yo no les trabajo por contrato. A ellos (los empleadores) le sale más barato y a los dos nos conviene", agregó el mexicano.
Para Luis Prudencio, la vida es parecida: cada mañana viaja muy temprano a un centro de jornaleros en downtown,
a la espera de empleo esporádico. Dice que antes se paraba a la salida
de las grandes tiendas de materiales de construcción y se subía al auto
de quien le ofreciera alguna tarea por el día.
"Ahora está más complicado, prefiero venir aquí
porque al menos sabemos que los que llaman no preguntan mucho, saben que
aquí no tenemos papeles y además el centro cuida que nos paguen al
menos la mínima legal", dice el jornalero, que lleva 15 años viviendo
del lado norte de la frontera.
No todos tienen la suerte de pasar desapercibidos al cruzar la frontera... y además llegar vivos a su destino
"Lo difícil es cuando llega la hora de pagar la
renta. Yo trabajé en fábricas de costura cuando vine, como 15 trabajos
tuve. Siempre es difícil y no es nada que ver con el sueño americano",
señaló a BBC Mundo el guatemalteco Rafael González, quien lleva 38 años y
esperó casi 15 años hasta tener papeles, gracias a la amnistía de
Reagan.
Para María Esther (pide reserva del apellido),
que se emplea como cocinera en una cadena de comida rápida de Los
Ángeles, la solución se la dio un amigo: conseguirse un seguro social
falso, por el que pagó unos US$150 a un tercero y éste le entregó una
tarjeta con su nombre pero con la identificación tributaria de quién
sabe quién.
"Al principio me dio miedo, pero ahora ya vi que funciona y llevo cinco años en estas", dijo la salvadoreña a BBC Mundo.
¿Miedo? Todos los entrevistados por BBC Mundo
coinciden en que, en sus rutinas diarias, han encontrado maneras para
sobreponerse al temor de andar por la vida como indocumentados.
"Hacemos lo que hacen pues todos, que cada
cuanto se puede nos tomamos una cervecita, vamos de compras, a la
iglesia...", afirmó María Esther.
"El miedo no anda en burro, sino en liebre",
expresó Rafael González, apelando a un dicho mexicano para mostrar la
batalla constante que vive con el fin de no caer presa del temor. "Pero
hay que seguir, hay que pedir que a uno no le pase nada y seguir porque
la familia depende de uno".
Futuro de los hijos
Los padres inmigrantes celebran que sus hijos nacidos en EE.UU. no tengan que pasar por lo mismo que ellos.
El informe publicado por el Centro Hispano revela también que la mitad de los indocumentados tiene hijos menores de edad.
Entre ellos, 46% han sido padres hace menos de
18 años -unos 4,7 millones-, en comparación con el índice de paternidad
de 38% entre inmigrantes legales y 29% entre los estadounidenses.
"Sabemos que, entre los niños de Estados Unidos,
hay 5,5 millones de menores que tienen al menos un padre sin documentos
de residencia. De ellos, 4,5 han nacido en Estados Unidos. Es decir que
es más frecuente que los indocumentados tengan un hijo estadounidense
que uno que sea también indocumentado como ellos", detalló el analista
López.
Muchos celebran, precisamente, el estatus de "estadounidenses" que sus hijos han recibido por nacimiento.
"Cada vez está más difícil pero no dudo que aquí
me quedo por mi familia, por mis dos niñas que ahora tienen su
ciudadanía, todo en regla. Por suerte ellas nacieron aquí y no les va a
tocar pasar por nada de lo que pasamos nosotros", señaló Gustavo
Carranza, un mexicano que llegó a Arizona hace 16 años y se quedó en el
país mudándose de un lado a otro.
Los inmigrantes no se desaniman con los obstáculos, porque cruzan a Estados Unidos en busca de una mejor vida
"Yo no siento que este país sea mi casa pero
estoy obligado a quedarme por mis hijas. Les estoy dando una posibilidad
que no hubieran tenido de otro modo", coincidió José Rodríguez, también
padre de dos.
Según los expertos, la explicación a esta
tendencia hay que buscarla en la edad de los migrantes: la media de los
indocumentados es de 36 años, 10 años menos que entre quienes llegan con
permiso. Y aunque los ingresos no autorizados estén en baja, el número
de niños nacidos en EE.UU. de padres sin papeles se ha duplicado en la
última década.
Sin embargo, las expectativas sobre el futuro no
van de la mano con el crecimiento demográfico: el Proyecto de Movilidad
del Pew indicó que sólo 47% de los habitantes del país -incluidos los
latinos- espera que sus hijos tengan un estándar de vida superior al
propio, lo que marca una caída de 15 puntos respecto de 2009.
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