Autor Fernando Rodríguez Céspedes
Comunicador maeño rsidente en Santo Domingo
Si bien es cierto, como alegan algunos, que el aumento de las sanciones no hará
desaparecer la delincuencia, por lo menos penaliza con mayor drasticidad la
criminalidad que nos está arropando como sociedad.
De ahí, la necesidad de modificación que requiere el Código
Procesal Penal (CPP), respetando siempre los mandatos constitucionales, en lo
que se erradican las causas que originan la delincuencia.
La permisividad y manos blandas de jueces irresponsables que se
amparan en este código garantista, están llevando al país a un estado de indefensión e impunidad total.
Producto de esta situación, en los últimos 2 años, 1,517 acusados de crímenes de
narcotráfico, asesinatos, violaciones y violencia contra féminas andan por
nuestras calles sin ningún control de las autoridades.
De este grupo, más de 900 fueron sometidos por narcotráfico, 313
este año y 637 el pasado 2010,
dictándose contra ellos medidas de coerción, sin prisión, que alegremente han
violado por lo que fueron declarados en rebeldía por el Ministerio Público.
Esta penosa y peligrosa situación seguirá dándose mientras no se
aplique prisión preventiva a los acusados de asesinatos, narcotráfico y otros
crímenes graves que laceran nuestra sociedad.
Quiera Dio que el Senado respalde a los diputados en sus proyectos de modificación al CPP, y al Código del Menor a pesar de la oposición
de grupos defensores de los derechos humanos y
de la iglesia católica.
Sabemos que las raíces de la delincuencia se encuentran en el
mismo sistema de desigualdad, falta de empleos, educación e inequidad que por
siglos afectan a nuestra sociedad.
Pero en lo que llegan las soluciones de fondo a esos males, no
podemos cruzarnos de brazos a ver como la delincuencia se enseñorea
arremetiendo contra la vida, bienes y tranquilidad de la ciudadanía.
Por eso, hay que apoyar al Congreso en sus trabajos de
modificación al CPP, y al Código del Menor y
sanear los tribunales de jueces complacientes que con sus actitudes se
hacen cómplices de la criminalidad.

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