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jueves, 19 de abril de 2012

Envejecer‏

Desde Miami escribe Tiberio Castellanos
Envejecer es permanecer. Sí, permanecer cuando otros muchos ya se han ido. Lo que quiere decir, entre otras cosas, que uno ha tenido mejor suerte que otros. Bueno, a mi, de vez en cuando me preocupa aquella frase de Constancio C. Vigil, en su libro, El Erial, muy leído por los años cuarenta: "En muchas vidas que parecen cortas lo que faltó fue la repetición". Entonces pienso que cada vida tiene su propósito. 


Sí, pero esto se presta a innumerables interpretaciones sobre el concepto destino. Y yo no creo en horóscopos, astrólogos, esotéricos, ni nada por el estilo. La explicación que tengo es la misma que me dan los teólogos cristianos sobre la fe: es un regalo de Dios. Sí, creo que la vida, larga o corta, como la fe, también es un regalo de Dios.

        Entonces entramos en ese terreno difícil de andar que es el misterio.
 Porque si Dios manda su lluvia sobre justos e injustos, por qué a unos les llega y otros no, ese rayo de luz que es la fe. Y, por qué unos mueren jóvenes y otros viejos.
 Y, todavía más misterio en esta realidad: por qué mueren jóvenes, personas cuya bondad muchos reconocemos y ponderamos. Y en cambio, algunos conocidos rufianes, malvados hombres, viven muchísimos años.
         Aparte del misterio que entrañan estos contrastes y pasando a un asunto mas fácil de conjeturar, yo pienso que los hombres y los vinos tenemos un  semejante proceso de envejecimiento.
 Como es sabido, los vinos, con el paso del tiempo se añejan.
 Es decir, se purifican, se hacen mejores vinos. Sí, pero no todos. Me han dicho que algunos se convierten en vinagre. 
        Pretendo yo, que así las personas, con el paso del tiempo van enmendando, o quizás seria mejor decir enderezando, torcidas conductas. Esto me parece muy lógico (y como ya no estamos en Cuaresma no mencionaré aquí la palabra conversión).
         Pero ocurre que safarse de un viejo vicio, por mas viejo que uno sea, no es cosa fácil. Yo he llegado a pensar que  tener un vicio equivale a tener un demonio dentro del cuerpo. Un amigo mío dice que según el tamaño del vicio es el tamaño del demonio.
 Pero yo no estoy muy seguro de que haya vicios pequeños y vicios grandes. De todos modos, yo diría que a una persona que ha vivido muchos años debe serle, menos dificil que a un jóven deshacerse de un viejo hábito.
Un abrazo.

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