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lunes, 6 de junio de 2011

Decid al justo que le irá bien‏

Cuando se habla de restauración no se trata de otra cosa que no sea la de volver al principio en que nos encontrábamos, y en ese sentido podemos afirmar que se pueden hacer muchas cosas para que la vida del justo encuentre un eslabón que se preste para enlazar una restauración apropiada en ciertas circunstancias en que parece haberse introducido un elemento nocivo en el accionar del justo, abriendo una zanja con tuberías portadoras de distorciones y curvas, trinchera hecha con deslealtad e infidelidad, y con premeditación desde el mundo de las tinieblas para hacer involucionar el propósito de Dios para la vida del justo.



Existen en la actualidad muchos ministros en grandes tribulaciones por causa de no superar experiencias que trajeron sus cosechas de problemas, y otros a punto de tirar la toalla por no contar con el adiestramiento necesario ante el cúmulo de pruebas que les asaltan.



En medio de las inseguridades que se derivan de esta vida, de las turbulencias y contrariedades espirituales que podamos encontrar en el caminar hacia las mansiones celestiales, hay un Dios garante de su reino, que tiene cuidado absoluto de su Iglesia, que ha declarado: “No te dejaré, ni te desampararé". Josué 1: 5 {parte b}.



La restauración alcanzada por el justo Ezequías es un digno ejemplo para la Iglesia en estos tiempos finales. El siervo enfermó para muerte, y ante esa situación decidió utilizar el primer recurso al que debemos acudir para aplicar de inmediato en el comienzo de la etapa de restauración, ¡ La Oración !.



Oh Jehová, te ruego que te acuerdes ahora que he andado delante de ti en verdad y con íntegro corazón, y que he hecho lo que ha sido agradable delante de tus ojos. Y lloró Ezequías con gran lloro. Isaías 38:3. Así comenzó su proceso de restauración.



En la segunda etapa se afirma que Dios escuchó el clamor de este hijo, y respondió diciendo: He oído tu oración, y visto tus lágrimas; he aquí que yo añado a tus días quince años. Isaías 38: 5.



De esa manera transcurrió la forma en que el Señor restauró la salud a este servidor del reino.



Ahora, hay muchas cosas que Dios quiere restaurar en nuestras vidas las cuales adquieren diferentes formas, y donde no necesariamente la carne resulta afectada, sino lo interno, mente, alma, espíritu, corazón, todo el ser, y ahí, en esa dimensión que se extiende hasta lo espiritual y donde muchas veces otros son dañados, debemos procurar acercarnos como Ezequías, y poder lograr con humillación captar la atención de Dios, para que escuche nuestra ruego, mire nuestras lágrimas, y pronuncie desde su trono la restauración deseada del justo.



En la enfermedad, en el deterioro moral, en la crisis económica, en las malas noticias, en la persecución, Él nos ha advertido lo siguiente: Decid al justo que le irá bien. Isaías 3:10



Maranatha,



Pastor

Antonio Regalado

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