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lunes, 31 de enero de 2011

Por qué comemos tanto

La dopamina es la responsable del ansia por comer.

Tendemos a pensar que la búsqueda del placer es algo frívolo, evanescente, cosa del momento, pero de hecho, lo que nos lleva a ello es una parte fundamental del instinto de supervivencia.



Si no obtuviéramos placer en las cosas, no haríamos amigos, no comeríamos y ciertamente no practicaríamos algo tan turbio y peligroso como son las relaciones sexuales. Y en ese caso... ¡adiós homo sapiens!



El placer significa cosas diferentes para diferentes personas. Pero para los científicos es simplemente una recompensa por hacer lo que el cuerpo desea.



En gran parte es satisfacer necesidades básicas, una de las que evidentemente es la comida.



La dopamina



Dentro del cerebro, hay diferentes circuitos del placer que se ocupan de la alimentación, pero uno de los más importantes es el sistema de recompensas de la dopamina.



Hacemos muchas cosas en la vida -entre ellas comer, mantener relaciones sexuales, apostar y tomar riesgos- porque al hacerlo nuestros cerebros se llenan de la dopamina del bienestar

La dopamina es vital pues es lo que dispara el deseo de comer. Tanto así que cuando se bloquea su acción en un animal, deja de comer y, por consiguiente, muere de inanición.



Pero cuando se trata de comer, tanto como saber cuándo comenzar es importante reconocer el momento de parar.



Un estudio reciente, que involucraba comer chocolate, reveló cómo funciona el mecanismo interno del cerebro cuando los circuitos del placer dicen "basta".



El chocolate



Hay algo primario respecto al chocolate que apela al cavernícola que está dentro de todos. No es sólo la grasa y el azúcar, sino cómo se derrite en la boca casi a la misma temperatura de la sangre.





El chocolate parece seducir a lo más primitivo de nuestro ser.

Con un buen chocolate, cuando lo pones en la boca y dejas que se derrita, los sabores y aromas maravillosos que suben por la nariz. En el estudio en cuestión, le pidieron a los voluntarios que comieran tanto chocolate como les apeteciera mientras eran sometidos a un escáner cerebral.



Los investigadores estaban especialmente interesados en la corteza orbitofrontal (COF), la parte del cerebro que está detrás de los ojos y que es la encargada de lo mucho o poco que algo gusta.



Los participantes comieron y comieron hasta que tuvieron suficiente: para entonces se había detectado un cambio en la actividad en la COF. El gusto se había tornado en repulsión. Y esa reacción lo que lo que le da al placer su característica principal: fugacidad.



Satisfacción ignorada



Estudios recientes calculan que en 2015, el sobrepeso alcanzará al 75% de los estadounidenses. Y en México, la situación no es mejor. Recientemente, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo dijo que el 70% de los mexicanos tiene sobrepeso.



El problema es que muchos continúan comiendo cuando ya cesó la obtención de placer. Y es que lo importante es reconocer cuándo se apaga ese mecanismo, y sobre todo, que no lo ignoremos.



La dopamina, un neurotransmisor, es crucial a la hora de disparar las ganas de comer, pues vincula los mecanismos de placer y recompensa.



Pero hace mucho más que eso. Enlaza circuitos neurológicos que se encuentran en la profundidad de nuestros cerebros y están asociados con la búsqueda de la novedad.



Hacemos muchas cosas en la vida -entre ellas comer, mantener relaciones sexuales, apostar y tomar riesgos- porque al hacerlo nuestros cerebros se llenan de la dopamina del bienestar.



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