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lunes, 25 de enero de 2016

¡Hasta siempre, guerrillero de la Patria!


Hamlet Herman
POR FERNANDO RODRÍGUEZ CÉSPEDES


Cuando se marcha de este mundo una persona como Hamlet Herman, uno siente que muere una parte de sí mismo y que se pierde un pedazo de Patria.

Con sus defectos y virtudes, fue un hombre auténtico y consecuente con sus ideas y principios revolucionarios a los que nunca renunció.


Vivió intensa y extensamente, aunque  deja la sensación de que se fue a destiempo entre quienes tuvimos el privilegio de tratarlo.

Se ejercitaba y cuidaba físicamente, y en lo intelectual se mantenía vigente con sus trabajos  de ingeniería, investigaciones, artículos periodísticos y libros.

Era admirado y respetado, hasta por sus contrarios. De temperamento jocoso y juvenil aunque intransigente en su lucha y denuncias contra la corrupción del sistema.
Defendía con vehemencia sus puntos de vista y fue un crítico inclemente con los ex compañeros  de su última militancia política partidista.

Su participación en la gesta de abril del 65 y en la guerrilla de playa Caracoles contra el gobierno represivo y corrupto de Joaquín Balaguer, lo elevaron a la categoría de héroe.

Con esa aureola llegó al Partido de la Liberación Dominicana cuando lo dirigía Juan Bosch y luego en el primer gobierno de esa entidad  aceptó un cargo que ejerció con responsabilidad y honradez.

Pronto comprendió que sus criterios e ideas sobre el Estado y su manejo, no iban acorde con las ejecutorias del gobierno llegando a entrar en franca contradicción con sectores oficiales que se sentían por encima de la ley.

Tuvo la gallardía de renunciar al Comité Central de ese partido y al cargo de director de la Autoridad Metropolitana de Transporte (AMET), donde venía realizando el mayor intento serio de organizar el tránsito que se conoce en el país.

Se fue a su casa en las mismas condiciones económicas con las que ingresó al gobierno y se dedicó a su profesión de ingeniero, a investigar y a escribir, lo que siempre fue su pasión.

Con la dignidad que vivióό, sorpresivamente murió, dejando un imperecedero legado de patriotismo y lucha por los mejores intereses de la nación.
¡Descanse en paz!, guerrillero  de la Patria!.

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