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jueves, 2 de julio de 2015

Futuro incierto de los haitianos



POR FERNANDO RODRĺGUEZ CÉSPEDES


Hiere la sensibilidad humana la situación desesperada e incierta de los miles de nacionales haitianos ilegales que abarrotaron los centros de registro del Plan Nacional de Regularización de Extranjeros  tratando de inscribirse para evitar ser deportados a un país con el cual no se identifican y donde no recibirán ni siquiera la garantía de un trabajo.


Las inscripciones cerraron con más de 288 mil registrados de una población  estimadas, oficialmente, en unos de 400,000 haitianos, aunque por el descontrol de nuestras fronteras y la presencia masiva de estos en todo el país, hay quienes estiman la cifra en un millón de ilegales, aproximadamente. Miles de estos se están marchando por su cuenta.

Las migraciones huyendo del hambre, la inestabilidad política, persecuciones y falta de trabajo no son exclusivas de estos litorales. Es un fenómeno que siempre ha existido y  que actualmente padece Europa, principalmente Italia y España las que se ven invadidas, a diario, por miles de desesperados africanos que se ganan la vida vendiendo chucherías.

Aquí, con una débil frontera, permeada sistemáticamente,  el problema se agrava por la carencia de recursos para atender satisfactoriamente las necesidades de salud, alimentación y educación de 10 millones de dominicanos,  menos  aún, de la creciente población  ilegal haitiana que se estaba adueñando de diversas áreas del trabajo informal, la construcción y el campo.

Además que un problema migratorio, tenemos un problema humano y las autoridades  tendrán que hilar muy fino para aplicar la ley, sin maltratar a quienes, a pesar de las protestas de entidades y personalidades nacionales e internacionales, como el imprudente alcalde de Nueva York, resulta ineludible repatriar o trasladar al vecino Haití.

Las declaraciones del presidente Michel Martelly de que su país no recibirá a los haitianos nacidos en nuestro territorio, constituyen un pataleo comprensible pero inaceptable desde el punto de vista de lo que establecen la constitución de su país  y la nuestra, las leyes de migración y la soberanía nacional. Los pataleos seguirán y se incrementarán por lo que debemos prepararnos hasta para posibles represalias.

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