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lunes, 20 de junio de 2016

De invasiones y desagravios



POR FERNANDO RODRÍGUEZ CÉSPEDES

Si a la Organización de Estados Americanos (OEA) le pedimos un desagravio por haber avalado la intervención militar norteamericana de 1965, a los Estados Unidos debimos pedirle además del desagravio, una cuantiosa indemnización por todos los daños causados al país con tan nefasta acción.


El momento era propicio debido a que estaba presente en la 46 Asamblea General de la Organización, el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, cuya secretaria de Estado Auxiliar, Mari Carmen Aponte, vio con buenos ojos la petición formulada a la OEA.

Pero no nos llamemos a engaños, una cosa es con guitarra y otra con violín y no es lo mismo hacerle una reclamación pública al controversial secretario general de la OEA que al representante del gobierno norteamericano, aunque la mayor responsabilidad de los hechos fuera de este.

Dejando de lado el tema de lo que pudo haber sido y no fue, debemos reconocer la valiente actitud de la canciller venezolana, Delcy Rodríguez, quien logró que la Asamblea votara a favor de que su Consejo Permanente evaluara la conducta de su secretario general, Luis Almagro, frente a Venezuela.

La diplomática logró poner en cuestionamiento al señor Almagro, quien se expresó contra el Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, llegando incluso a amenazarlo con aplicarle la Carta Democrática de la OEA, sin consultar al organismo.

La digna  gestión de la canciller Rodríguez, propició una audiencia con el Secretario Kerry, quien se mostró partidario de retomar el diálogo con Venezuela y posó junto a ella, estrechándole la mano, en señal de conciliación.

En definitiva, a Venezuela le fue muy bien en la asamblea de la OEA porque, aunque el tema no estaba en la agenda de la misma, su canciller logró insertarlo positivamente, logrando el respaldo de la mayoría de los presentes a favor de la República Bolivariana.


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